
Precios con IGV incluido, sin calculadora
En una botica, el precio que ve el cliente es el que paga. Parece obvio, pero cuando el sistema guarda precios sin IGV y lo calcula al vuelo, los errores se acumulan.
En este artículo
El letrero dice S/ 3.50. El cliente da un billete de S/ 5.00. El vendedor cobra y da el vuelto. Hasta ahí, todo bien.
El problema aparece cuando preguntas: ¿esos S/ 3.50 incluyen IGV o no?
En la mayoría de sistemas de punto de venta, el precio se guarda sin impuesto y el IGV se calcula al facturar. Eso funciona en un supermercado, donde la boleta detalla el desglose y el cliente no ve el precio final hasta que paga. Pero en una botica, el precio está en la vitrina antes de que el cliente abra la boca — y ese precio es lo que espera pagar.
El lío del 18 %
El IGV en el Perú es del 18 %. Eso quiere decir que si un producto vale S/ 10.00 sin impuesto, el precio final es S/ 11.80. Hasta ahí la aritmética es simple.
Se complica cuando:
- Vendes fracciones. Una caja de 100 tabletas cuesta S/ 35.00. ¿Una tableta suelta cuesta S/ 0.35? ¿Y si le agregas IGV? S/ 0.413 — que redondeado puede ser S/ 0.40 o S/ 0.50, dependiendo de quién redondee y en qué dirección.
- Tienes varios niveles de empaque. El mismo producto se vende por unidad, por blíster y por caja. Cada nivel tiene un precio distinto, y los tres deben incluir IGV.
- No todo lleva IGV. En el Perú, ciertos medicamentos esenciales están exonerados. Si el sistema agrega 18 % a todo sin distinguir, le estás cobrando impuesto a un producto que no lo lleva.
El resultado de manejar esto a mano es predecible: cada vendedor redondea a su manera, los precios en la vitrina no coinciden con los de la boleta, y al cuadrar la caja hay centavos de diferencia que nadie sabe explicar.
La regla que simplifica todo
En SofTana, el precio que se configura ya incluye IGV. Lo que se teclea es lo que el cliente paga. El desglose del impuesto se calcula hacia atrás: si el precio es S/ 3.50, el sistema deduce que la base es S/ 2.97 y el IGV es S/ 0.53.
Eso resuelve los tres problemas de arriba de una vez:
Fracciones sin sorpresas
Si una caja cuesta S/ 35.00 y tiene 100 tabletas, el precio por tableta se deriva automáticamente. Hay un recargo opcional por fraccionar — porque vender suelto tiene un costo — y el redondeo siempre es hacia arriba, al céntimo. Es una regla, no una decisión del vendedor.
Cada nivel con su precio
La escalera de empaque define los niveles: unidad, blíster, caja. El precio se configura en el nivel que quieras — normalmente la caja — y el sistema calcula los demás. Si quieres un precio distinto por nivel, lo pones; si no, se deriva.
El régimen correcto
Cada producto tiene su régimen de IGV asignado desde el catálogo. Si un medicamento está exonerado, no se le agrega impuesto — sin que el vendedor tenga que recordarlo.
Qué pasa cuando no hay precio
Si un producto entra al inventario pero nadie le puso precio, la venta no procede. El sistema devuelve un aviso claro en vez de dejar que se venda a S/ 0.00 o al precio que el vendedor invente.
Eso suena estricto, pero es la diferencia entre descubrir un precio faltante cuando el producto entra o cuando un cliente ya está delante del mostrador esperando.
Lo práctico
El dueño de la botica pone el precio con IGV que quiere cobrar. No necesita calculadora ni tabla de porcentajes. Lo que pone es lo que sale en pantalla y lo que paga el cliente.
El contador, cuando llega, ve el desglose limpio: base imponible e IGV separados, producto por producto, con el régimen correcto. No tiene que adivinar si el 18 % ya estaba o no.
Y si alguien pregunta «¿cuánto cuesta?», la respuesta es una: la que está en el sistema, la misma que está en la vitrina, la misma que cobra la caja.
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